Bogotá, Colombia -Edición: 922

 Fecha: Viernes 06-03-2026

 

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COLUMNISTAS

 

 

 
Fracaso urbano norteamericano.

 

 

Por: César Augusto Valencia.

 

El fracaso del suburbio

 

Durante décadas, *Estados Unidos* vendió al mundo su modelo de ciudad como si fuera la culminación del progreso. Autopistas interminables, barrios de casas idénticas extendiéndose hasta el horizonte, centros comerciales gigantes y distritos financieros de rascacielos donde se concentra la riqueza.

Era el sueño suburbano.

Un modelo urbano basado en una premisa simple: todo el mundo tiene automóvil, gasolina barata y un salario capaz de sostener ese estilo de vida. Mientras esas tres condiciones existieron, el sistema funcionó. Pero cuando empezaron a fallar, el mito comenzó a desmoronarse.

Hoy el paisaje urbano estadounidense revela algo muy distinto de aquel sueño: alquileres imposibles, ciudades donde es casi obligatorio tener carro para comprar pan, centros urbanos vacíos después de las cinco de la tarde y una cantidad creciente de personas viviendo en sus vehículos porque no pueden pagar vivienda.

El suburbio, que durante décadas se vendió como símbolo de prosperidad, empieza a parecerse cada vez más a una *trampa territorial*: enormes distancias, dependencia absoluta del automóvil y comunidades aisladas entre sí.

Mientras tanto, en muchas ciudades de *América Latina* y *Europa*, la vida urbana se organiza de otra manera. No necesariamente por planificación sofisticada, sino por historia y necesidad.

Allí el barrio sigue siendo la unidad básica de la ciudad.

En una misma calle conviven viviendas, tiendas, mercados, peluquerías, bares y restaurantes. La economía no depende de desplazamientos de treinta kilómetros ni de gigantescos centros comerciales: circula en la esquina, en el café, en el negocio familiar.

Ese tejido urbano genera algo que el urbanismo suburbano perdió hace mucho tiempo: *vida en la calle*.

Por eso resulta profundamente irónico que, en algunos discursos políticos dentro de *Estados Unidos*, se mire con sospecha a las comunidades latinas que llegan a las ciudades. En muchos casos, esas comunidades reproducen exactamente el modelo urbano que podría revitalizar barrios enteros: comercio local, densidad social, economía de proximidad y redes comunitarias.

Pero en lugar de aprender de ese modelo, el debate político insiste en convertirlo en un problema cultural o migratorio.

Es una ceguera urbana.

Mientras las ciudades del mundo redescubren conceptos como *ciudad caminable, **densidad urbana y mezcla de usos, el suburbio estadounidense sigue aferrado a una visión del siglo pasado: kilómetros de asfalto, centros comerciales moribundos y barrios residenciales que dependen de un tanque de gasolina para poder existir.

El contraste es cada vez más evidente.

El modelo suburbano requiere ingresos altos, energía barata y un territorio infinito.
El modelo de barrio —tan común en América Latina y Europa— funciona con proximidad, comercio local y vida comunitaria.

Uno es frágil porque depende de grandes sistemas económicos.
El otro es resiliente porque depende de las personas.

Tal vez el verdadero problema de muchas ciudades estadounidenses no sea la migración ni la diversidad cultural.

Tal vez el problema sea haber construido ciudades donde, sin automóvil, prácticamente *no se puede vivir*.

Y cuando una ciudad necesita gasolina para existir, tarde o temprano descubre que el progreso que prometía era solo un espejismo.

 

 

 

PRÓXIMO DOMINGO DE ELECCIONES, UNA PUERTA ABIERTA PARA LAS GRANDES TRANSFORMACIONES

 

 

Por: Gustavo Pérez González

 

Senado y Cámara, tenemos todos los risaraldenses una cita con la democracia, que se nos presenta como la llave maestra, capaz de abrir las puertas de las grandes transformaciones que necesitamos todos para alcanzar ese futuro mejor que todos anhelamos y que nos viene siendo esquivo durante las últimas 4 décadas.

Es en el Senado donde presentamos los diferentes proyectos, en busca de su aprobación y asignación de los recursos del presupuesto nacional para su ejecución. Si elegimos representantes y senadores sin sentido de pertenencia por el Departamento y sin ninguna capacidad de gestión, no habrá proyectos en estudio para aprobación, estancando por completo el desarrollo y cerrando las puertas a las grandes transformaciones que requiere Pereira, para proyectarse como mínimo 40 años hacia el futuro, y ni se diga del resto de municipios del Departamento

Es aquí donde nos hemos equivocado todos, reeligiendo Representantes y Senadores con pocos resultados en su gestión.

Culpables todos, por permitir que estos personajes después de elegidos se refugiaran en Bogotá abandonando por completo a las comunidades, sometiendo a sus seguidores a un desierto de abandono injusto 3 años y medio, y solo faltando seis meses para terminar el periodo para el cual fueron elegidos, regresan muy caripelados a buscar su reelección, comprando los líderes para que éstos engañen de nuevo a las comunidades en busca de la votación.

Culpables todos los que lejos de todo respaldo político local, le vendieron el alma al diablo, votando por senadores ajenos al Departamento, llevándose los votos sin que nadie los vuelva a ver, negándonos a todos abrir las verdaderas puertas de la transformación social, matando toda posibilidad de renovación de liderazgos propios, reeligiéndose a la brava, sin que nadie les impida semejante práctica política tan irregular.

A propósito: ¿ustedes han visto al candidato al senado DIEGO PATIÑO AMARILES, estos últimos cuatro años visitando las comunidades, como para que aparezca aspirando al senado?

Ese mal crónico lo tenemos que superar el próximo domingo saliendo a votar temprano, para nuestra fortuna, el electorado de Risaralda tiene a disposición una lista de lujo presentada por el partido de la U, encabezada por una mujer comprometida con las comunidades MARIA IRMA NOREÑA, alma y nervio del éxito de la actual administración de Pereira, y presente de tiempo completo los 365 días del año, trabajo social permanente que todos reconocemos con respeto y admiración. Con ella vamos a la fija. Y para la Cámara ni se diga, cuatro nombres de lujo para escoger y votar con confianza y responsabilidad.

No hay peor error que el que se repite si los candidatos propuestos, no se han visto trabajando en forma permanente con las comunidades, no se puede votar por ellos, hágase respetar y el próximo domingo todos alegres a votar temprano, sin dejarse comprar, pues es en las urnas donde se conoce al ciudadano ejemplar.

 

EL SENDERO DEL DHARMA

 

 

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica

 

El Arte de Soltar

 

En el vertiginoso ritmo de nuestra era digital, el dolor se siente como una interrupción inaceptable. Queremos sanar con la misma

 

 

 

 

velocidad con la que actualizamos un muro de noticias, olvidando que el corazón humano no funciona con algoritmos, sino con ciclos. Como practicante del budhismo, a menudo recuerdo a quienes sufren una verdad tan simple como profunda: no te apures. Todo, con el paso del tiempo, o te deja de doler, o simplemente te deja de importar.


Esta no es una visión cínica de la vida, sino la comprensión fundamental de la transitoriedad, la naturaleza búdhica de la existencia. El sufrimiento suele nacer del apego, no solo a las personas o cosas, sino a la intensidad de nuestras propias heridas. Nos aferramos al dolor porque nos hace sentir vivos o porque define nuestra identidad en un momento de pérdida. Sin embargo, el budha nos enseñó que la resistencia es lo que realmente causa el tormento. Cuando dejamos de luchar contra el reloj y permitimos que las estaciones internas sigan su curso, ocurre un milagro silencioso.

El tiempo no borra los recuerdos, pero sí les quita el filo. Lo que hoy se siente como un incendio devastador, mañana será solo una brasa, y eventualmente, una pizca de ceniza que el viento se lleva sin esfuerzo. Esa transformación no es un signo de olvido, sino de madurez espiritual. Llegar al punto donde algo "deja de importar" no es volverse indiferente o frío; es alcanzar un estado de liberación donde ese evento ya no tiene el poder de sacudirte. Es recuperar tu soberanía emocional.

Cada herida tiene su propio calendario. Forzar la sanación es como intentar abrir un capullo de flor antes de tiempo: solo logras dañarlo. La paciencia es la forma más elevada de compasión hacia uno mismo. Al observar tus emociones sin juzgarlas, permites que la energía del dolor se agote de forma natural. Un seguidor budhista sabe que el río de la vida fluye constantemente; nada permanece, ni siquiera la tristeza más profunda. Confía en el proceso. Respira. Permite que los días hagan su trabajo silencioso de restauración. Al final, mirarás atrás y te darás cuenta de que la carga que hoy te dobla la espalda, simplemente se ha desvanecido en el horizonte de tu nueva paz.

 

The Art of Letting Go

 

In the dizzying pace of our digital age, pain feels like an unacceptable interruption. We want to heal with the same speed with which we refresh a news feed, forgetting that the human heart does not operate on algorithms, but on cycles. As a practitioner of Budhismo, I often remind those who suffer of a truth as simple as it is profound: do not rush. Everything, with the passage of time, either stops hurting or simply stops mattering to you.

This is not a cynical view of life, but the fundamental understanding of impermanence, the Búdhica nature of existence. Suffering is usually born from attachment—not just to people or things, but to the intensity of our own wounds. We cling to pain because it makes us feel alive or because it defines our identity in a moment of loss. However, the Budha taught us that resistance is what truly causes torment. When we stop fighting the clock and allow our internal seasons to take their course, a silent miracle occurs.

Time does not erase memories, but it does take away their edge. What today feels like a devastating fire will tomorrow be just an ember, and eventually, a pinch of ash that the wind carries away effortlessly. That transformation is not a sign of forgetting, but of spiritual maturity. Reaching the point where something "stops mattering" is not about becoming indifferent or cold; it is about achieving a state of liberation where that event no longer has the power to shake you. It is about regaining your emotional sovereignty.

Every wound has its own calendar. Forcing healing is like trying to open a flower bud before its time: you only succeed in damaging it. Patience is the highest form of self-compassion. By observing your emotions without judging them, you allow the energy of pain to exhaust itself naturally. A Budhista follower knows that the river of life flows constantly; nothing remains, not even the deepest sadness. Trust the process. Breathe. Allow the days to do their silent work of restoration. In the end, you will look back and realize that the burden currently bending your back has simply vanished into the horizon of your new peace.

 

 

 

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