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EDITORIAL
Colombia 2027:
un presupuesto más grande, una soberanía bajo presión
El presupuesto colombiano para
2027 asciende a 634,9 billones de pesos, por encima de los 555,8
billones vigentes para 2026. La cifra representa una expansión
considerable, pero su tamaño no garantiza bienestar. La pregunta
fundamental es quién financiará ese gasto, qué prioridades
protegerá y cuánto margen conservará el país para decidir su
propio rumbo. La aprobación llega en un contexto de presión
fiscal y de búsqueda de respaldo financiero ante el Fondo
Monetario Internacional (FMI). Según reportes recientes, el
Gobierno estudia una Línea de Precaución y Liquidez para
responder a sus necesidades externas; no se trata de un préstamo
desembolsado automáticamente, pero sí de una señal sobre la
fragilidad de las cuentas nacionales.
La alarma está en la composición del presupuesto. El servicio de
la deuda absorbe una parte creciente de los recursos públicos:
pagar obligaciones anteriores compite directamente con invertir
en hospitales, escuelas, vías, vivienda, ciencia y adaptación
climática. Cuando el Estado recurre a nuevos compromisos para
cubrir vencimientos y déficits, corre el riesgo de convertir el
endeudamiento en una rueda que nunca se detiene. No toda deuda
es irresponsable: financiar infraestructura útil puede ampliar
la capacidad productiva. Lo preocupante es endeudarse sin una
estrategia para recaudar justamente, combatir la evasión,
priorizar inversiones y medir resultados.
La búsqueda de apoyo del FMI merece debate abierto, no consignas
fáciles. Una línea precautoria puede fortalecer la confianza de
los mercados y ofrecer liquidez en momentos de tensión. Pero el
respaldo suele exigir credibilidad fiscal y puede aumentar la
presión para aprobar ajustes presupuestarios. Si esos ajustes se
traducen en recortes indiscriminados, reducción de inversión
social o cargas regresivas para los hogares de menores ingresos,
el costo de la estabilidad recaerá sobre quienes menos capacidad
tienen para soportarlo. El Gobierno debe publicar los términos,
condiciones, costos, riesgos y escenarios de cualquier acuerdo
antes de comprometer al país.
La soberanía no desaparece automáticamente por dialogar con el
FMI ni por recibir financiación internacional. Se debilita
cuando las decisiones esenciales se toman para satisfacer a los
acreedores sin deliberación democrática, cuando el presupuesto
queda subordinado a metas que la ciudadanía no conoce o cuando
una amenaza de pérdida de confianza limita las opciones de
política pública.
El aumento presupuestario debe examinarse además con rigor: más
gasto nominal no significa necesariamente más servicios,
especialmente cuando una parte importante se destina a deuda,
funcionamiento y obligaciones rígidas. El Ejecutivo y el
Congreso deben explicar qué partidas crecen, cuáles pierden
capacidad real frente a la inflación y qué proyectos tienen
indicadores verificables. Cada contrato, operación de manejo de
deuda y compromiso con entidades financieras debe someterse a
transparencia, auditoría y control público.

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El hambre es un
producto del mal manejo del dinero público

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Por siglos se viene buscando alcanzar la clase social a la que
se quiere pertenecer, en este reino animal en el que vivimos
nunca ha habido clases sociales, simplemente envidiosas por el
bienestar de otros.
En Colombia se ha tenido la manía de creerse unos más superiores
que otros y otros creerse que no tienen ningún derecho y dejan
que se aprovechen de ellos sin entender la razón. La inocencia
de las personas por esa condición evolutiva los hace presas de
mentes corruptas que siempre han existido y que hoy se ven al
descubierto.
Ya vienen las elecciones de octubre, esta va a ser una campaña
política que no se va a diferenciar de las anteriores, los
mismos discursos, los mismos apoyos económicos y muchos
inexpertos en el manejo de la cosa pública. Eso ha sido lo mismo
y nada a cambiar.
Hay una costumbre enraizada en la mente de los que pretenden
hacer política sin la mera educación de este menester. Creer que
llegar a ocupar un puesto público es ganarse el premio de la
habilidad de convencer a gente que ni siquiera entiende qué es
lo que va a pasar con el personaje que van a elegir. Es una
constante en la vida pública colombiana.
Gracias a la tecnología hoy millones de personas se han venido
educando en este menester y están comprendiendo el rol de ser
ciudadano y defender su condición frente a esta jauría de
ineptos que pretenden asumir posiciones que jamás estuvieron
preparados para ellas y que a su vez no han demostrado un
conocimiento ni honores de haber logrado algo positivo para que
un pedazo del territorio nacional esté en mejores condiciones.
Lo único que han demostrado, los que lo pueden demostrar, es que
han vivido a costillas del erario año tras año y buscando como
aumentar el presupuesto para poder mantener la corrupción. Y no
presentar un superávit que permita a la ciudadanía sentirse
orgullosa de quien ha estado ocupando esos cargos.
Las nuevas avalanchas de pescadores en un mar de sardinas con
redes amplias buscan atrapar inexpertos o inocentes votantes
para que voten por ellos y luego vivir gota a gota de los
impuestos que todos pagamos y entregarnos al final del periodo
un país desvalorizado al igual que las ciudades.
Este año se van a recaudar más de 270 mil billones de pesos en
impuestos, unos 69,500 mil millones de dólares, de los cuales
los colombianos no recibirán un centavo en bienestar y apoyo
para sus necesidades básicas.
Pero si tomamos de esos USD$69.500 mil millones dólares e
invertimos en el pueblo colombiano unos USD$2.400 millones al
año y apoyar a los que demuestren que están trabajando con una
ayuda de USD$100 mensuales. Esto activaría la economía
colombiana y los ciudadanos tendrían mayor poder adquisitivo y
el estado colombiano recibiría mayores entradas de dinero al
fisco por impuestos.
Cualquier economista entendería la figura y vería como la
pobreza se disminuye y el campo de acción del pueblo sería más
amplio.
El dinero que se pierde en la corrupción es mucho más alto que
el que se haría en esta inversión social.
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EL ACUEDUCTO DE
SALVAJINA
Crónica # 1459

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=O1zQIjhTJTc
Ahora, cuando los accionistas
mayoritarios de Celsia han puesto en venta la hidroeléctrica de
Salvajina, las Empresas Municipales de Cali han salido
públicamente, con el alcalde de Cali y su gerente, a ofertar por
ella ofreciendo pagar buena parte del costo con las acciones que
aún conservan (el 18.06%) de la antigua Epsa, antecesora de
Celsia.
La posibilidad de compraventa debe haberse hecho igualmente al
Departamento del Valle que a través de la CVC conserva el
15.91%. No se conoce la posición de la gobernadora al respecto,
pero tratándose de una posibilidad de gran proyección, esa
readquisición debe hacerse en conjunto de los dos entes
territoriales porque de por medio estaría el proyectado y
siempre aplazado Acueducto de Salvajina, que solucionaría el
problema del agua para Cali y varios municipios del departamento
que ahora sirve la empresa estatal Acuavalle.
La oportunidad la pintan
calva. Las opciones de constituir una sociedad entre Emcali y
Acuavalle para volver realidad ese acueducto aprovechando la
presa de Salvajina y la posibilidad de prestar el servicio de
agua por gravedad a tantos millones de habitantes vallecaucanos
no se puede perder por egoísmos politiqueros o envidias
electoreras. Es una oportunidad generosa para mostrarle al país
cómo se trabaja unidos para avanzar hacia el futuro.
Ojalá la entiendan así el alcalde Eder y la gobernadora Toro y,
por supuesto, el Concejo de Cali y la Asamblea Departamental a
quienes les corresponde dar las respectivas autorizaciones.
Si se ponen de acuerdo y cumplen los trámites legales, esa
compra de uno y otro en su totalidad iría como aporte para la
nueva sociedad Acueducto de Salvajina. Eso es pensar en grande.
No en la vitrina que puede ganarse o perderse electoral o
burocráticamente.
Hay que mostrarles a sus gobernados y a Colombia que en el País
Vallecaucano somos capaces de negociar la oportunidad y de mirar
hacia el futuro.
Octubre 20 del 2026.
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