Bogotá, Colombia -Edición: 922

 Fecha: Viernes 06-03-2026

Página 9

 

    

\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

Título: Don Fermín Vásquez: la serenidad de una vida sencilla en las montañas de Chocontá

 

Por: Director general

 

En medio del paisaje frío y verde del altiplano cundiboyacense, a pocos minutos del casco urbano de Chocontá, se levanta una casa que parece hecha para la calma. Allí vive Don Fermín Vásquez, un hombre de 70 años cuya historia está marcada por el trabajo, la familia y una filosofía de vida sencilla: “pasarla chévere”.

 

La conversación transcurre en la sala de su casa, un lugar que él describe con orgullo como un espacio abierto para amigos y familiares. “Aquí tenemos una casita para que vengan a disfrutar la familia, los amigos y pasarla un rato tranquilo”, dice mientras observa el paisaje que rodea su hogar.

 

Don Fermín lleva seis años viviendo en Chocontá, aunque gran parte de su vida transcurrió en Bogotá. En la capital trabajó durante doce años en la Gobernación de Cundinamarca, y luego continuó su trayectoria laboral en empresas privadas como Sofasa y Cristacril. Después de décadas de trabajo, el destino lo llevó a este municipio por una casualidad entre amigos.

 

“Un amigo era el dueño de la casita. Él viajaba a otro país y nos la ofreció. Nos gustó mucho y decidimos comprarla”, recuerda.

 

La casa, de arquitectura particular y rodeada de naturaleza, fue diseñada por un arquitecto que trabajó en proyectos cercanos a la laguna del Sisga. Ese detalle le da al lugar un carácter especial que hoy Don Fermín disfruta con tranquilidad. “De la casa me gusta todo. Está cerca del pueblo, cerca de Bogotá y aquí se vive muy tranquilo”, afirma.

 

Pero más allá de la vivienda, lo que realmente define su vida es la familia. Tiene dos hijos, una hija periodista y un hijo contador público, a quienes describe con orgullo. “Son muy juiciosos, muy responsables y muy queridos conmigo”, dice.

 

Sobre su vida personal habla con serenidad. Estuvo casado quince años y, aunque lleva tres décadas separado, mantiene una relación cordial con su exesposa. “A ratos vamos y disfrutamos de un almuerzo, un cafecito o un heladito y la pasamos chévere”, comenta con naturalidad.

 

Para Don Fermín, Chocontá representa un lugar donde el ritmo de vida es diferente al de la capital. “Aquí la gente es muy querida, muy trabajadora”, explica. El municipio, conocido por su producción agrícola, vive del cultivo de cebolla, papa, fresa y curuba, productos que hacen parte del sustento de muchas familias.

 

Cuando se le pregunta qué debería conocer un visitante que llega por primera vez, su respuesta es clara: “Chocontá es un municipio muy lindo. Tenemos una iglesia impresionante y la gente siempre recibe bien a los visitantes”.

 

También habla con entusiasmo de la gastronomía local. Para él, uno de los platos más representativos del municipio es el ovejo, preparado asado o sudado y acompañado con papa, yuca y arroz.

 

A pesar de su edad, Don Fermín conserva un espíritu activo. Le gusta el deporte, vestir bien, comer bien y viajar. Pero su verdadera fórmula para mantenerse vital parece ser más simple.

 

“Uno tiene que cuidarse en la comida, dormir bien y no preocuparse tanto por las cosas de la vida”, dice entre risas.

 

Su historia familiar también tiene raíces campesinas. Su padre fue un trabajador del campo que sacó adelante a ocho hijos. Su madre falleció cuando él era muy pequeño, un recuerdo que menciona con respeto y serenidad.

 

Hoy, después de una vida de trabajo y cambios, Don Fermín parece haber encontrado un equilibrio en las montañas de Cundinamarca. Su filosofía no se basa en grandes discursos ni en ambiciones desmedidas.

 

“Mi vida ha sido tranquila, alegre y feliz. Nunca he sido una persona amargada. Siempre con amigos, siempre disfrutando”, concluye.

 

En tiempos donde el ruido de las ciudades suele marcar el ritmo de la vida, la historia de Don Fermín Vásquez recuerda algo sencillo: que a veces la verdadera riqueza está en la calma de un hogar, en el paisaje que se mira desde la ventana y en la posibilidad de compartir un café con quienes llegan a visitarlo.

 

 

 

El miedo es tan grande que alcanzó para todos

 

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Organizarse es una de las formas de espantar el miedo, porque el miedo es un estado de inseguridad que no deja reflexionar bien y las cosas adversas se dan porque la inseguridad no deja actuar al oprimido.

Los psicópatas son los que se aprovechan de este estado emocional porque ellos en el fondo carecen de lo que el oprimido tiene. Y hay que mancillarlo para sentirse superior al oprimido.

Llevamos un siglo preparándonos intelectualmente para alcanzar una mayor dignidad como seres humanos. Hemos cambiado el modus operandi que se llevó por siglos donde unos señores eran dueños de la vida y lo existente. Hoy tenemos controlado casi todos esos crímenes de lesa humanidad. Y llegaremos a un mayor control en pocas décadas.

Los criminales han existido desde que el ser humano se formó como grupos y nacieron los líderes. Estos eran más fuertes y determinantes y el miedo que infundían sobre los demás hacía que un grupo de gente lo siguiera y actuarán según su criterio. Aún persiste este parámetro de conducta.

Hoy en día que existen millones de seres independientes y con cierta autonomía se dejan mancillar de individuos que pretenden ser los dueños de la vida de los demás. Y ese temor a confrontarlos, se alían con él o lo respaldan para obtener beneficios sin importar lo que suceda a su alrededor. Estos son otros psicópatas que desconocen su naturaleza porque no tienen la capacidad y la sensibilidad de razonar lo que está malo y hace daño a todo lo que está bajo el dominio del psicópata mayor.

 

El miedo es el arma que históricamente se ha usado para oprimir al ser humano en la forma social o religiosa. Pero hoy ya sabemos que el miedo es circunstancial y que se puede controlar y combatir a quien lo produce.

Un tirano no es más que un tirano, un ser que se ha empoderado porque a su alrededor tiene una organización o institución que lo apoya porque parte de ella se beneficia de las dádivas que el tirano les da. Pero la tiranía termina cuando el opresor se organiza y crea sus fuerzas de choque para que los respalden y a si se puedan enfrentar contra la maquinaria del tirano.

Históricamente está demostrado que estos tiranos terminan siempre en el cadalso. La revolución francesa abrió las puertas para todas las revoluciones posteriores que se apoderaron del bienestar humano y que hoy luchamos para no caer en manos de tiranos. Hemos aprendido la lección.

Ya las sociedades modernas no se mueven bajo el miedo, sino bajo organizaciones que les permita vivir bajo estándares sociales de igualdad de derechos, autonomía y libertad.

Si el miedo llega a tocar tu puerta, organízate con todo lo que esté en tu intelecto y ármate que nadie va a venir a rescatarte y a salvarte de quienes te acosan y dominan.

 

 

 

 

GANA QUIEN SEPA NARRAR

 

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal


Crónica #1308

 

Audio: https://www.spreaker.com/episode/gana-quien-sepa-narrar-cronica-1308-de-gardeazabal--70475234

 

El conocimiento y la información se han ido convirtiendo, con la velocidad de la evolución humana, en factores fundamentales del poder.

Adueñarse entonces de la narración, y verterla de tal manera que sea creíble, es hoy en día un arma tan poderosa como las ocultas conque amenazan las antiguas potencias para ocultar su inferioridad.

En la guerra de estos días hemos podido comprobar que no exageramos cuando advertimos que quien controla la narrativa o sea capaz de bloquear la comunicación por internet, va ganando la batalla aunque la vaya perdiendo bélica y económicamente.

Por años nos vendieron la idea de que la encarnación del mal estaba concentrada en los clérigos persas. Sus actuaciones no eran religiosas, eran terroristas. Sus modos y maneras de ejercer retaliaciones o de aplastar a quienes se atrevieran a contrariarles, eran criminales.

Sobre ellos no hubo versiones objetivas sino siempre exageradas. Lo que hicieron con las mujeres y sus velos copó la capacidad de condena que tiene el mundo sobre los ayatolás. Hoy, entonces, la atorrancia del emperador de Washington termina apoyada por el mundo que dizque quiere salvarse del islam.

Nadie averigua si la propiedad de esa narrativa sea de los ricos banqueros judíos de New York y de la City. Pero hay algo mucho más curioso, a la China no parece interesarle adueñarse de la narrativa.

Sus tímidos programas de video sobre el accionar avasallador de sus adelantos científicos o sus silencios sobre el dominio mayúsculo y creciente del comercio mundial se hacen con la paciencia milenaria China.

No anuncian que son dueños del conocimiento y de la información. Prefieren aplastar las capacidades masivas de su pueblo. No ejercen la plenitud de la mentira occidental, utilizan la serenidad y vuelven rentable hasta el paso de las horas. Sus narraciones no parecen ayudar a dominar, pero a ese ritmo han levantado misteriosa o públicamente la gran sombra de la IA que envuelve al mundo de hoy.

El Porce, marzo 5 del 2026.

 

 

 

 

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