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EDITORIAL
Reconstrucción
sin confianza: el verdadero peso del desastre
A pocas semanas de los
movimientos sísmicos que sacudieron la infraestructura del Eje
Cafetero, la emergencia inmediata ha cedido el paso a una
incertidumbre mucho más densa. Las grietas visibles en viviendas,
escuelas y hospitales de la región no son las únicas que
preocupan a los ciudadanos. Existe una fractura más profunda y
difícil de reparar: la falta de confianza en la capacidad y
transparencia del gobierno para administrar los cuantiosos
recursos destinados a la reconstrucción.
El desastre natural expuso deficiencias estructurales históricas,
pero la respuesta institucional amenaza con perpetuarlas.
Mientras las comunidades afectadas exigen celeridad en las
evaluaciones técnicas y respuestas concretas para la
habitabilidad de sus predios, el flujo de los fondos públicos se
percibe difuso. Los anuncios oficiales prometen partidas
presupuestales millonarias y giros extraordinarios, pero en la
práctica, la burocracia paraliza la entrega oportuna de las
ayudas. Para las familias que hoy duermen bajo coberturas
temporales o en estructuras en riesgo, la retórica estatal
resulta insuficiente frente al lento avance de las obras básicas.
El núcleo del problema no reside únicamente en la disponibilidad
de los presupuestos, sino en quién y cómo los ejecuta. El
gobierno actual enfrenta un escepticismo marcado respecto a sus
mecanismos de contratación y supervisión. En Colombia, la
historia de los procesos de reconstrucción tras desastres
naturales está plagada de ejemplos donde la contratación directa
y los fondos de emergencia se convirtieron en terreno fértil
para la desviación de recursos y el favoritismo político. La
ciudadanía del Eje Cafetero es consciente de ese antecedente y
no está dispuesta a tolerar auditorías opacas ni veedurías sin
acceso a información en tiempo real.
Garantizar la transparencia exige más que comunicados de prensa.
Requiere la apertura inmediata de plataformas de datos abiertos
donde cada peso asignado pueda ser rastreado desde la tesorería
nacional hasta el contratista local. La veeduría ciudadana y los
gremios regionales deben tener asiento permanente en las mesas
de contratación y seguimiento técnico. Sin un control riguroso y
participativo, los proyectos de infraestructura resiliente
quedarán reducidos a promesas de papel, dejando a las
poblaciones vulnerables expuestas ante futuros eventos telúricos.
El tiempo corre en contra de la región. La temporada de lluvias
y el deterioro progresivo de los edificios afectados aumentan
los costos de reparación y el riesgo humano día tras día. Si el
ejecutivo no demuestra con hechos concretos, auditorías
independientes y ejecución impecable que puede manejar esta
crisis sin sombras de corrupción, el costo del sismo no se
medirá solo en paredes caídas, sino en la quiebra definitiva del
contrato social entre los habitantes del Eje Cafetero y el
Estado central. La reconstrucción física es urgente, pero la
reconstrucción de la confianza institucional es la única
garantía para el futuro de la región.

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¿A dónde van
nuestros impuestos?

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Esta práctica milenaria que han impuesto los soberanos a sus
súbditos y hoy en día el Estrado que va de la mano de los
políticos, nos comprime y nos hace vomitar nuestras viseras para
que el establecimiento sobreviva.
En el mundo primitivo siempre ha sido normal esta práctica
gubernamental. Y para todos es lógico que esto se haga sin
ningún cuestionamiento y sin un raciocinio sobre dónde irán esos
dineros que recibe el Estado.
Las sociedades han evolucionado genéticamente y lo que antes era
una práctica normal hoy es un hecho cuestionable, porque esos
dineros salen del esfuerzo de millones de seres que trabajan y
pagan impuestos y no reciben nada a cambio.
Nuestra sociedad se siente acorralada por la cascada de
impuestos que le vienen imponiendo en nuestros días los
políticos al pueblo. Esto hace que el crimen aumente y la
corrupción se afinque en las instituciones de Estado y esta
simbiosis impida que las ciudades crezcan saludables.
Los impuestos que recibe el Estado diariamente, son fortunas que
desaparecen sin que nadie se entere a dónde fue a parar esas
contribuciones. De ese erario sólo una mínima parte llega a los
sitios que realmente deberían recibir esos dineros.
La ignorancia del pueblo es la base para que crezcan estas
situaciones y nunca ellos reciban lo que les pertenece y por lo
que han pagado.
La salud pública es una de las infraestructuras donde deben ir
esas contribuciones, pero solo llega gota a gota unos dineros
para que sobrevivan y la gente gravite como si ellos fueran los
culpables de lo que está pasando. Si la salud falla, el sistema
se desploma y eso es lo que está pasando cuando se desvía lo
recaudado.
La medicina privada es uno de los más grandes negocios porque
ella vive de millones de pacientes que pagan de sus bolsillos
los costos de la atención médica. A su vez nacen hacen simbiosis
con las aseguradoras para que todo funcione en beneficio de
ellos y no de los pacientes.
Es una obligación del establecimiento velar por la salud del
pueblo, porque ese pueblo es el que sostiene el establecimiento
y mantiene la economía en movimiento. El pueblo paga para que
todos los servicios básicos sean cubiertos con el pago de sus
impuestos y no para sostener una burocracia del Estado que le
paga a miles de empleados con sueldos como prestación por haber
apoyado al candidato en la campaña electoral.
Si la sociedad tuviera un mayor conocimiento de cómo funciona la
economía de un país y estuviera atenta del movimiento de esos
dineros, no pasaría tantas necesidades en el transcurso de su
vida. Porque los políticos ya no serían políticos corruptos sino
servidores públicos que se acogen a las leyes que rigen una
comunidad.
La gran mayoría de los países están como están, es porque los
ciudadanos creen por acto de fe lo que dice un individuo en
campaña y no porque realmente conocen la economía de su
territorio.
Estudia bien al candidato, que ha hecho y en que ha triunfado,
Ahí tienes la respuesta de lo que será el futuro.
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QUÉ LEE GARDEAZABAL
La Hija, de
Sergio del Molino.
Editó Alfaguara
Audio:
https://youtu.be/Oc2oAAnVdwo
El mito de Goya sigue dando
tema para los escritores españoles que poco a poco se van
convenciendo que su país y su cultura siempre estuvo envuelta en
las sombras generadas por las sotanas eclesiásticas y, como tal,
la verdad histórica hay que escarbarla confrontándola.
Sergio del Molino, un escritor de carrera, a quien ya le había
leído una novela difícil de olvidar, ”Los alemanes” que ganó el
Alfaguara hace unos años, se le mide en este libro (mitad
novela, mitad ensayo histórico) a barruntar la biografía de la
dibujante y pintora Rosario Weiss, de quien siempre se ha dicho
que fue hija del genial Goya, o por lo menos de Leocadia, su
segunda esposa, y quien le acompañó en el exilio en Burdeos y le
ayudó a bien morir.
El libro está exactamente dividido en dos partes, la primera,
una novela histórica agradable, interesante aunque por ser
manejada con la figura del tercer narrador, se pierde en los
vericuetos de la invención fallida. La segunda, un ensayo
histórico sobre Goya y su tiempo, o mas bien, una cátedra sobre
pintura y dibujo por un ilustrado académico que se respalda en
textos anotados cuidadosamente en la bibliografía.
Como tal entonces el libro se vuelve interesante mientras es
novela y la Rosario Weiss, que lleva el apellido del primer
marido de Leocadia, se vuelve atrayente como personaje, como
hija natural del genial pintor y como discípula del maestro que
fue toda la vida el sordo de Goya.
Pero cuando llega la segunda parte, que es la misma historia de
la novela pero contada en forma arrogante, para convertirla en
una demostración investigativa palpable de Goya y Rosario y las
guerras carlistas y el exilio, le hace perder la gana hasta al
más culto de los lectores.
En cifras, las primeras 291 páginas que tiene la novela son
suficientes para aplaudir y recomendar el libro. Las 340
restantes bien pueden prescindirse o leer con manías paranoicas.
Septiembre 05 del 2026.

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