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\\ OPINIÓN // |
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EDITORIAL
Título: Don Fermín Vásquez: la serenidad de una vida sencilla en las montañas de Chocontá
Por: Director general
En medio del paisaje frío y verde del altiplano cundiboyacense, a pocos minutos del casco urbano de Chocontá, se levanta una casa que parece hecha para la calma. Allí vive Don Fermín Vásquez, un hombre de 70 años cuya historia está marcada por el trabajo, la familia y una filosofía de vida sencilla: “pasarla chévere”.
La conversación transcurre en la sala de su casa, un lugar que él describe con orgullo como un espacio abierto para amigos y familiares. “Aquí tenemos una casita para que vengan a disfrutar la familia, los amigos y pasarla un rato tranquilo”, dice mientras observa el paisaje que rodea su hogar.
Don Fermín lleva seis años viviendo en Chocontá, aunque gran parte de su vida transcurrió en Bogotá. En la capital trabajó durante doce años en la Gobernación de Cundinamarca, y luego continuó su trayectoria laboral en empresas privadas como Sofasa y Cristacril. Después de décadas de trabajo, el destino lo llevó a este municipio por una casualidad entre amigos.
“Un amigo era el dueño de la casita. Él viajaba a otro país y nos la ofreció. Nos gustó mucho y decidimos comprarla”, recuerda.
La casa, de arquitectura particular y rodeada de naturaleza, fue diseñada por un arquitecto que trabajó en proyectos cercanos a la laguna del Sisga. Ese detalle le da al lugar un carácter especial que hoy Don Fermín disfruta con tranquilidad. “De la casa me gusta todo. Está cerca del pueblo, cerca de Bogotá y aquí se vive muy tranquilo”, afirma.
Pero más allá de la vivienda, lo que realmente define su vida es la familia. Tiene dos hijos, una hija periodista y un hijo contador público, a quienes describe con orgullo. “Son muy juiciosos, muy responsables y muy queridos conmigo”, dice.
Sobre su vida personal habla con serenidad. Estuvo casado quince años y, aunque lleva tres décadas separado, mantiene una relación cordial con su exesposa. “A ratos vamos y disfrutamos de un almuerzo, un cafecito o un heladito y la pasamos chévere”, comenta con naturalidad.
Para Don Fermín, Chocontá representa un lugar donde el ritmo de vida es diferente al de la capital. “Aquí la gente es muy querida, muy trabajadora”, explica. El municipio, conocido por su producción agrícola, vive del cultivo de cebolla, papa, fresa y curuba, productos que hacen parte del sustento de muchas familias.
Cuando se le pregunta qué debería conocer un visitante que llega por primera vez, su respuesta es clara: “Chocontá es un municipio muy lindo. Tenemos una iglesia impresionante y la gente siempre recibe bien a los visitantes”.
También habla con entusiasmo de la gastronomía local. Para él, uno de los platos más representativos del municipio es el ovejo, preparado asado o sudado y acompañado con papa, yuca y arroz.
A pesar de su edad, Don Fermín conserva un espíritu activo. Le gusta el deporte, vestir bien, comer bien y viajar. Pero su verdadera fórmula para mantenerse vital parece ser más simple.
“Uno tiene que cuidarse en la comida, dormir bien y no preocuparse tanto por las cosas de la vida”, dice entre risas.
Su historia familiar también tiene raíces campesinas. Su padre fue un trabajador del campo que sacó adelante a ocho hijos. Su madre falleció cuando él era muy pequeño, un recuerdo que menciona con respeto y serenidad.
Hoy, después de una vida de trabajo y cambios, Don Fermín parece haber encontrado un equilibrio en las montañas de Cundinamarca. Su filosofía no se basa en grandes discursos ni en ambiciones desmedidas.
“Mi vida ha sido tranquila, alegre y feliz. Nunca he sido una persona amargada. Siempre con amigos, siempre disfrutando”, concluye.
En tiempos donde el ruido de las ciudades suele marcar el ritmo de la vida, la historia de Don Fermín Vásquez recuerda algo sencillo: que a veces la verdadera riqueza está en la calma de un hogar, en el paisaje que se mira desde la ventana y en la posibilidad de compartir un café con quienes llegan a visitarlo.
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El miedo es tan grande que alcanzó para todos
Organizarse es una de las
formas de espantar el miedo, porque el miedo es un estado de
inseguridad que no deja reflexionar bien y las cosas adversas se
dan porque la inseguridad no deja actuar al oprimido.
El miedo es el arma que
históricamente se ha usado para oprimir al ser humano en la
forma social o religiosa. Pero hoy ya sabemos que el miedo es
circunstancial y que se puede controlar y combatir a quien lo
produce.
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GANA QUIEN SEPA NARRAR
Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Audio: https://www.spreaker.com/episode/gana-quien-sepa-narrar-cronica-1308-de-gardeazabal--70475234
El conocimiento y la información se han ido
convirtiendo, con la velocidad de la evolución humana, en
factores fundamentales del poder.
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