Bogotá, Colombia -Edición: 961

 Fecha: Viernes 05-06-2026

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\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

El laberinto burocrático de Bogotá: Por qué las obras públicas se quedan a mitad de camino

 

Caminar por Bogotá hoy en día se siente como atravesar un inmenso y perpetuo campo de construcción. Zanjas abiertas, polisombras que bloquean el comercio local y maquinaria pesada acumulando polvo se han convertido en parte del paisaje cotidiano. Para los ciudadanos que soportan horas extras de trancón, la explicación oficial suele ser la misma: retrasos técnicos, problemas con los contratistas o imprevistos geológicos. Sin embargo, detrás de la lona verde se esconde una verdad mucho más frustrante y puramente administrativa. El verdadero enemigo del progreso en la capital no es la falta de cemento ni la complejidad del suelo sabanero, sino la desconexión total entre las propias entidades del Distrito.

Estudios e informes de veeduría urbana revelan una cifra escandalosa: más del 70% de los retrasos en las obras públicas de la ciudad no se deben a fallas de ingeniería, sino a la falta de articulación interinstitucional. Bogotá está siendo estrangulada por su propia burocracia. El Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) puede diseñar una vía impecable y contratar su ejecución, pero el proyecto se detiene por meses porque la empresa de acueducto no ha movido una tubería, la Secretaría de Movilidad no aprueba el plan de manejo de tráfico a tiempo, o Codensa tarda una eternidad en trasladar un poste de energía. Cada entidad opera como una república independiente, cuidando su propio presupuesto y sus propios plazos, mientras el ciudadano común paga el precio del caos.

Esta fragmentación administrativa genera un efecto dominó que destruye la confianza pública. Las alcaldías locales, que deberían ser los puentes directos con los barrios, a menudo se enteran de las grandes intervenciones cuando las retroexcavadoras ya están en la puerta. No existe un canal de comunicación unificado ni una mesa técnica con poder real de decisión que obligue a los diferentes actores a remar hacia el mismo lado. Mientras una entidad tramita un permiso de aprovechamiento forestal, la otra ve vencer los términos del contrato de obra. Es un juego de culpas cruzadas donde nadie asume la responsabilidad política ni operativa.

Para salvar a Bogotá del colapso de movilidad en el que se encuentra, la administración actual debe dejar de pensar en proyectos aislados y empezar a gestionar el territorio de manera integrada. La solución no radica en abrir más frentes de obra para demostrar gestión, sino en crear una gerencia centralizada y con dientes jurídicos, capaz de sentar en la misma mesa al IDU, a las empresas de servicios públicos y a las secretarías distritales bajo un solo cronograma vinculante. Si una entidad se retrasa en entregar una red, debe ser sancionada con la misma severidad con la que se castiga a un contratista privado. Mientras sigamos permitiendo que la burocracia interna dicte el ritmo del desarrollo, las calles de Bogotá seguirán siendo monumentos a la ineficiencia. La infraestructura de la capital necesita urgentemente menos papeleo y mucha más coordinación real.

 

 

 

Las filas, las colas y la espera, es el sancocho de todos los días

 

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Al mirar las grandes filas indias en bancos, centros de salud, pago de pensiones y la fila del etc. lo dejan a uno pensativo como si algo anda mal en un país que se supone que lo tiene todo.

La tecnología ha traído agilidad a todas las cosas que nos rodean, con múltiples beneficios. Pero en Colombia se usa más bien para desacelerar la capacidad de producción de las empresas. Pero en el fondo los que manejan la cosa pública y privada no se han agilizado, sino que absorben más dinero por menos calidad.

Lo interesante es que se percibe un desconocimiento social de lo que ellos están pagando por estos malos servicios. No se trata de protestar tirando piedras o con huelgas peligrosas. Sino tomando el todo por los cuernos.

Hace unos años el Chase Bank y el City Bank en USA les dio por cobrar $3 dólares por retirar dinero de sus cajeros a sus clientes. Tres días después de haber impuesto ese cobró más de medio millón de cuentas se cancelaron en estos bancos, creando un desencaja bancario de millones de dólares y en aumento.

 

24 horas después los bancos cancelaron su iniciativa de cobrar por usar los cajeros automáticos. Y todo regresó a la normalidad.

Una sociedad que no se hace respetar de quienes administran los bienes sociales, los bancos y todas esas empresas de alta tecnología que hacen lobby y pagan para que los empleados públicos les den todo tipo de ventajas en las negociaciones que hacen con el pueblo olvidando que ellos fueron elegidos por lo que ellos estrangulan lentamente.

El país jamás va a salir del atolladero en el que se encuentra, aunque salga cualquier candidato a prometer que tiene la bola mágica que lo guiara a llevar a la nación por el sendero de los sueños imposibles.

 

 

 

 

 

ANTIOQUIA PONE PRESIDENTE

 

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal


Crónica #1367

Audio: https://youtu.be/WKzSxmM6SmU.

 

Aunque a muchos no les guste, Antioquia decidió el ganador de la primera vuelta presidencial. Si se repasan las cifras vemos que sin el territorio paisa Cepeda habría sacado en su totalidad en el país, 8.882.000 votos y De la Espriella apenas alcanzaría 8.638.000. En cambio si se le suman al balance final los votos de uno y otro en el país antioqueño, Abelardito obtuvo finalmente 10.361.000 y el candidato de Petro se quedó en segundo lugar con 9.668.000.

Son cifras inobjetables hasta para el delirante presidente Petro y replantea la magnitud del peso que el territorio de los frijoles y las arepas tiene a la hora de escoger presidente. Y pienso que podría tener una mucho mayor si en el inmediato futuro por parte de cualquiera de los dos aspirantes que resulte ganador se abre de nuevo la idea de apoyar la federalización del país. No es cuento nuevo.

Hace unos días y a raíz de la publicación de mi novela antioqueña EL PAPAGAYO TOCABA VIOLIN, un acucioso historiador paisa, alcalde que fue de Guadalupe, me hizo llegar una fotocopia de la Resolución #13 del Concejo Municipal de Carolina (sin el tal Príncipe que le endilgaron después) en donde a nombre de todos sus habitantes se declara a Carolina partidaria de la federalización que entonces se pujaba en tierras antioqueñas.

No conocí el documento cuando estuve rastreando a mis ancestros entre las breñas del Porce pero como el tinterillo de Amalfi que retrato en mi novela dizque se parece a un hermano de mi padre que hizo historia en el cañón y en sus pueblos y es él, Angel Pablo Alvarez Restrepo, quien firma el 16 de diciembre de 1940 como presidente del Concejo Municipal la mentada resolución, mi novela vuelve y asoma mi prosa a los vericuetos de la historia, haciéndome desear que para esos ojalá no lejanos días tenga aún ojos y pueda ver crecer la idea de federalización en esta patria mia y a Antioquia pujando de nuevo por ella.

El Porce, junio 04 del 2026.
 

 

 

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