Bogotá, Colombia -Edición: 1013

 Fecha: Miércoles 21-10-2026

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\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

 

Colombia 2027: un presupuesto más grande, una soberanía bajo presión

 

El presupuesto colombiano para 2027 asciende a 634,9 billones de pesos, por encima de los 555,8 billones vigentes para 2026. La cifra representa una expansión considerable, pero su tamaño no garantiza bienestar. La pregunta fundamental es quién financiará ese gasto, qué prioridades protegerá y cuánto margen conservará el país para decidir su propio rumbo. La aprobación llega en un contexto de presión fiscal y de búsqueda de respaldo financiero ante el Fondo Monetario Internacional (FMI). Según reportes recientes, el Gobierno estudia una Línea de Precaución y Liquidez para responder a sus necesidades externas; no se trata de un préstamo desembolsado automáticamente, pero sí de una señal sobre la fragilidad de las cuentas nacionales.

La alarma está en la composición del presupuesto. El servicio de la deuda absorbe una parte creciente de los recursos públicos: pagar obligaciones anteriores compite directamente con invertir en hospitales, escuelas, vías, vivienda, ciencia y adaptación climática. Cuando el Estado recurre a nuevos compromisos para cubrir vencimientos y déficits, corre el riesgo de convertir el endeudamiento en una rueda que nunca se detiene. No toda deuda es irresponsable: financiar infraestructura útil puede ampliar la capacidad productiva. Lo preocupante es endeudarse sin una estrategia para recaudar justamente, combatir la evasión, priorizar inversiones y medir resultados.

La búsqueda de apoyo del FMI merece debate abierto, no consignas fáciles. Una línea precautoria puede fortalecer la confianza de los mercados y ofrecer liquidez en momentos de tensión. Pero el respaldo suele exigir credibilidad fiscal y puede aumentar la presión para aprobar ajustes presupuestarios. Si esos ajustes se traducen en recortes indiscriminados, reducción de inversión social o cargas regresivas para los hogares de menores ingresos, el costo de la estabilidad recaerá sobre quienes menos capacidad tienen para soportarlo. El Gobierno debe publicar los términos, condiciones, costos, riesgos y escenarios de cualquier acuerdo antes de comprometer al país.

La soberanía no desaparece automáticamente por dialogar con el FMI ni por recibir financiación internacional. Se debilita cuando las decisiones esenciales se toman para satisfacer a los acreedores sin deliberación democrática, cuando el presupuesto queda subordinado a metas que la ciudadanía no conoce o cuando una amenaza de pérdida de confianza limita las opciones de política pública.

El aumento presupuestario debe examinarse además con rigor: más gasto nominal no significa necesariamente más servicios, especialmente cuando una parte importante se destina a deuda, funcionamiento y obligaciones rígidas. El Ejecutivo y el Congreso deben explicar qué partidas crecen, cuáles pierden capacidad real frente a la inflación y qué proyectos tienen indicadores verificables. Cada contrato, operación de manejo de deuda y compromiso con entidades financieras debe someterse a transparencia, auditoría y control público.
 

 

 

 

El hambre es un producto del mal manejo del dinero público

 

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Por siglos se viene buscando alcanzar la clase social a la que se quiere pertenecer, en este reino animal en el que vivimos nunca ha habido clases sociales, simplemente envidiosas por el bienestar de otros.

En Colombia se ha tenido la manía de creerse unos más superiores que otros y otros creerse que no tienen ningún derecho y dejan que se aprovechen de ellos sin entender la razón. La inocencia de las personas por esa condición evolutiva los hace presas de mentes corruptas que siempre han existido y que hoy se ven al descubierto.

Ya vienen las elecciones de octubre, esta va a ser una campaña política que no se va a diferenciar de las anteriores, los mismos discursos, los mismos apoyos económicos y muchos inexpertos en el manejo de la cosa pública. Eso ha sido lo mismo y nada a cambiar.

Hay una costumbre enraizada en la mente de los que pretenden hacer política sin la mera educación de este menester. Creer que llegar a ocupar un puesto público es ganarse el premio de la habilidad de convencer a gente que ni siquiera entiende qué es lo que va a pasar con el personaje que van a elegir. Es una constante en la vida pública colombiana.

Gracias a la tecnología hoy millones de personas se han venido educando en este menester y están comprendiendo el rol de ser ciudadano y defender su condición frente a esta jauría de ineptos que pretenden asumir posiciones que jamás estuvieron preparados para ellas y que a su vez no han demostrado un conocimiento ni honores de haber logrado algo positivo para que un pedazo del territorio nacional esté en mejores condiciones.

Lo único que han demostrado, los que lo pueden demostrar, es que han vivido a costillas del erario año tras año y buscando como aumentar el presupuesto para poder mantener la corrupción. Y no presentar un superávit que permita a la ciudadanía sentirse orgullosa de quien ha estado ocupando esos cargos.

Las nuevas avalanchas de pescadores en un mar de sardinas con redes amplias buscan atrapar inexpertos o inocentes votantes para que voten por ellos y luego vivir gota a gota de los impuestos que todos pagamos y entregarnos al final del periodo un país desvalorizado al igual que las ciudades.

Este año se van a recaudar más de 270 mil billones de pesos en impuestos, unos 69,500 mil millones de dólares, de los cuales los colombianos no recibirán un centavo en bienestar y apoyo para sus necesidades básicas.

Pero si tomamos de esos USD$69.500 mil millones dólares e invertimos en el pueblo colombiano unos USD$2.400 millones al año y apoyar a los que demuestren que están trabajando con una ayuda de USD$100 mensuales. Esto activaría la economía colombiana y los ciudadanos tendrían mayor poder adquisitivo y el estado colombiano recibiría mayores entradas de dinero al fisco por impuestos.

Cualquier economista entendería la figura y vería como la pobreza se disminuye y el campo de acción del pueblo sería más amplio.

El dinero que se pierde en la corrupción es mucho más alto que el que se haría en esta inversión social.

 

 

 

 

EL ACUEDUCTO DE SALVAJINA

 

Crónica # 1459

 

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Audio: https://www.youtube.com/watch?v=O1zQIjhTJTc

 

Ahora, cuando los accionistas mayoritarios de Celsia han puesto en venta la hidroeléctrica de Salvajina, las Empresas Municipales de Cali han salido públicamente, con el alcalde de Cali y su gerente, a ofertar por ella ofreciendo pagar buena parte del costo con las acciones que aún conservan (el 18.06%) de la antigua Epsa, antecesora de Celsia.

La posibilidad de compraventa debe haberse hecho igualmente al Departamento del Valle que a través de la CVC conserva el 15.91%. No se conoce la posición de la gobernadora al respecto, pero tratándose de una posibilidad de gran proyección, esa readquisición debe hacerse en conjunto de los dos entes territoriales porque de por medio estaría el proyectado y siempre aplazado Acueducto de Salvajina, que solucionaría el problema del agua para Cali y varios municipios del departamento que ahora sirve la empresa estatal Acuavalle.

 

La oportunidad la pintan calva. Las opciones de constituir una sociedad entre Emcali y Acuavalle para volver realidad ese acueducto aprovechando la presa de Salvajina y la posibilidad de prestar el servicio de agua por gravedad a tantos millones de habitantes vallecaucanos no se puede perder por egoísmos politiqueros o envidias electoreras. Es una oportunidad generosa para mostrarle al país cómo se trabaja unidos para avanzar hacia el futuro.

Ojalá la entiendan así el alcalde Eder y la gobernadora Toro y, por supuesto, el Concejo de Cali y la Asamblea Departamental a quienes les corresponde dar las respectivas autorizaciones.

Si se ponen de acuerdo y cumplen los trámites legales, esa compra de uno y otro en su totalidad iría como aporte para la nueva sociedad Acueducto de Salvajina. Eso es pensar en grande. No en la vitrina que puede ganarse o perderse electoral o burocráticamente.

Hay que mostrarles a sus gobernados y a Colombia que en el País Vallecaucano somos capaces de negociar la oportunidad y de mirar hacia el futuro.

Octubre 20 del 2026.

 

 

 

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