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EDITORIAL
El laberinto
burocrático de Bogotá: Por qué las obras públicas se quedan a
mitad de camino
Caminar por Bogotá hoy en día
se siente como atravesar un inmenso y perpetuo campo de
construcción. Zanjas abiertas, polisombras que bloquean el
comercio local y maquinaria pesada acumulando polvo se han
convertido en parte del paisaje cotidiano. Para los ciudadanos
que soportan horas extras de trancón, la explicación oficial
suele ser la misma: retrasos técnicos, problemas con los
contratistas o imprevistos geológicos. Sin embargo, detrás de la
lona verde se esconde una verdad mucho más frustrante y
puramente administrativa. El verdadero enemigo del progreso en
la capital no es la falta de cemento ni la complejidad del suelo
sabanero, sino la desconexión total entre las propias entidades
del Distrito.
Estudios e informes de veeduría urbana revelan una cifra
escandalosa: más del 70% de los retrasos en las obras públicas
de la ciudad no se deben a fallas de ingeniería, sino a la falta
de articulación interinstitucional. Bogotá está siendo
estrangulada por su propia burocracia. El Instituto de
Desarrollo Urbano (IDU) puede diseñar una vía impecable y
contratar su ejecución, pero el proyecto se detiene por meses
porque la empresa de acueducto no ha movido una tubería, la
Secretaría de Movilidad no aprueba el plan de manejo de tráfico
a tiempo, o Codensa tarda una eternidad en trasladar un poste de
energía. Cada entidad opera como una república independiente,
cuidando su propio presupuesto y sus propios plazos, mientras el
ciudadano común paga el precio del caos.
Esta fragmentación administrativa genera un efecto dominó que
destruye la confianza pública. Las alcaldías locales, que
deberían ser los puentes directos con los barrios, a menudo se
enteran de las grandes intervenciones cuando las
retroexcavadoras ya están en la puerta. No existe un canal de
comunicación unificado ni una mesa técnica con poder real de
decisión que obligue a los diferentes actores a remar hacia el
mismo lado. Mientras una entidad tramita un permiso de
aprovechamiento forestal, la otra ve vencer los términos del
contrato de obra. Es un juego de culpas cruzadas donde nadie
asume la responsabilidad política ni operativa.
Para salvar a Bogotá del colapso de movilidad en el que se
encuentra, la administración actual debe dejar de pensar en
proyectos aislados y empezar a gestionar el territorio de manera
integrada. La solución no radica en abrir más frentes de obra
para demostrar gestión, sino en crear una gerencia centralizada
y con dientes jurídicos, capaz de sentar en la misma mesa al IDU,
a las empresas de servicios públicos y a las secretarías
distritales bajo un solo cronograma vinculante. Si una entidad
se retrasa en entregar una red, debe ser sancionada con la misma
severidad con la que se castiga a un contratista privado.
Mientras sigamos permitiendo que la burocracia interna dicte el
ritmo del desarrollo, las calles de Bogotá seguirán siendo
monumentos a la ineficiencia. La infraestructura de la capital
necesita urgentemente menos papeleo y mucha más coordinación
real.
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Las filas, las colas y la
espera, es el sancocho de todos los días

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Al mirar las grandes filas indias en bancos,
centros de salud, pago de pensiones y la fila del etc. lo dejan
a uno pensativo como si algo anda mal en un país que se supone
que lo tiene todo.
La tecnología ha traído agilidad a todas las cosas que nos
rodean, con múltiples beneficios. Pero en Colombia se usa más
bien para desacelerar la capacidad de producción de las
empresas. Pero en el fondo los que manejan la cosa pública y
privada no se han agilizado, sino que absorben más dinero por
menos calidad.
Lo interesante es que se percibe un desconocimiento social de lo
que ellos están pagando por estos malos servicios. No se trata
de protestar tirando piedras o con huelgas peligrosas. Sino
tomando el todo por los cuernos.
Hace unos años el Chase Bank y el City Bank en USA les dio por
cobrar $3 dólares por retirar dinero de sus cajeros a sus
clientes. Tres días después de haber impuesto ese cobró más de
medio millón de cuentas se cancelaron en estos bancos, creando
un desencaja bancario de millones de dólares y en aumento.
24 horas después los bancos cancelaron su
iniciativa de cobrar por usar los cajeros automáticos. Y todo
regresó a la normalidad.
Una sociedad que no se hace respetar de quienes administran los
bienes sociales, los bancos y todas esas empresas de alta
tecnología que hacen lobby y pagan para que los empleados
públicos les den todo tipo de ventajas en las negociaciones que
hacen con el pueblo olvidando que ellos fueron elegidos por lo
que ellos estrangulan lentamente.
El país jamás va a salir del atolladero en el que se encuentra,
aunque salga cualquier candidato a prometer que tiene la bola
mágica que lo guiara a llevar a la nación por el sendero de los
sueños imposibles.

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ANTIOQUIA PONE PRESIDENTE

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Crónica #1367
Audio:
https://youtu.be/WKzSxmM6SmU.
Aunque a muchos no les guste, Antioquia decidió
el ganador de la primera vuelta presidencial. Si se repasan las
cifras vemos que sin el territorio paisa Cepeda habría sacado en
su totalidad en el país, 8.882.000 votos y De la Espriella
apenas alcanzaría 8.638.000. En cambio si se le suman al balance
final los votos de uno y otro en el país antioqueño, Abelardito
obtuvo finalmente 10.361.000 y el candidato de Petro se quedó en
segundo lugar con 9.668.000.
Son cifras inobjetables hasta para el delirante presidente Petro
y replantea la magnitud del peso que el territorio de los
frijoles y las arepas tiene a la hora de escoger presidente. Y
pienso que podría tener una mucho mayor si en el inmediato
futuro por parte de cualquiera de los dos aspirantes que resulte
ganador se abre de nuevo la idea de apoyar la federalización del
país. No es cuento nuevo.
Hace unos días y a raíz de la publicación de mi novela
antioqueña EL PAPAGAYO TOCABA VIOLIN, un acucioso historiador
paisa, alcalde que fue de Guadalupe, me hizo llegar una
fotocopia de la Resolución #13 del Concejo Municipal de Carolina
(sin el tal Príncipe que le endilgaron después) en donde a
nombre de todos sus habitantes se declara a Carolina partidaria
de la federalización que entonces se pujaba en tierras
antioqueñas.
No conocí el documento cuando estuve rastreando a mis ancestros
entre las breñas del Porce pero como el tinterillo de Amalfi que
retrato en mi novela dizque se parece a un hermano de mi padre
que hizo historia en el cañón y en sus pueblos y es él, Angel
Pablo Alvarez Restrepo, quien firma el 16 de diciembre de 1940
como presidente del Concejo Municipal la mentada resolución, mi
novela vuelve y asoma mi prosa a los vericuetos de la historia,
haciéndome desear que para esos ojalá no lejanos días tenga aún
ojos y pueda ver crecer la idea de federalización en esta patria
mia y a Antioquia pujando de nuevo por ella.
El Porce, junio 04 del 2026.
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